Un día en Split, bienvenidos a la casa de Diocleciano

Normalmente cuando uno visita una ciudad suele pasear tranquilamente de un lado a otro en busca los principales monumentos o puntos de interés, aquellos lugares imprescindibles que no debes dejar de visitar. Sin embargo en Split todo es diferente, ya que en cuanto pones un pie en el centro ya te encuentras dentro del monumento, ya que buena parte del casco histórico está integrado con los restos del increíble Palacio de Diocleciano.

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Palacio de Diocleciano desde la riva

El Palacio de Diocleciano no es un palacio propiamente dicho, sino más bien una pequeña ciudad fortificada  mandada construir por el emperador romano Diocleciano a finales del siglo III con el objetivo de ser su residencia tras su retiro. Tras la muerte del emperador el palacio quedó prácticamente abandonado durante varios siglos, hasta que en el siglo VII los habitantes de la vecina Salona (actual Solin, una de las ciudades más importantes del imperio romano en la zona del Adriático) se refugiaron en él tras quedar su ciudad arrasada por parte de los eslavos. Estos fueron los primeros habitantes de lo que hoy se conoce como Split, los cuales fueron levantando la ciudad aprovechando los edificios, los muros y el trazado del antiguo palacio.

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Callejuela del Palacio

A partir de aquí la ciudad corrió una suerte similar a la del resto de ciudades de Dalmacia, pasando por el control de los imperios bizantino, veneciano (época de la que datan la mayoría de los más bonitos edificios y palacios que se construyeron dentro del propio Palacio de Diocleciano y que lo han ido enriqueciendo) y austrohungaro, hasta la invasión de Italia en la primera Guerra Mundial, la formación de Yugoslavia tras la Segunda y la descomposición de esta tras la Guerra de los Balcanes. Hoy en día Split es uno de los principales puertos del Adriático, la ciudad más grande de Dalmacia y la segunda en importancia de Croacia tras la capital Zagreb.

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Palacio veneciano en el interior del Palacio de Diocleciano

En definitiva, el centro de Split es precioso, con un muchísimo encanto y con un enorme valor histórico. Además, a nuestro modo de ver el Palacio de Diocleciano es uno de los monumentos de la época romana más impresionantes que se pueden visitar, ya que te permite pasear entre calles y edificios tal y como eran hace más de 1700 años, trasladándote totalmente a aquella época. Por todo esto fue declarado Patrimonio de la Humanidad en el año 1979.

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Mausoleo de Diocleciano, el principal edificio del Palacio

Pero Split es mucho más que la antigua casa del emperador Diocleciano, ya que es una ciudad con muchísima vida y ambiente, un precioso paseo marítimo plagado de terrazas y muchos lugares por conocer tanto fuera como dentro del Palacio. En definitiva, una visita más que imprescindible en cualquier ruta por Dalmacia.

Cómo llegar

Actualmente desde España Vueling hace vuelos directos desde Barcelona en temporada alta. Que sepamos, en temporada baja o desde el resto de ciudades no hay más remedio que hacer escala. El aeropuerto está algo retirado de Split, a una media hora en coche por la carretera de la costa en dirección a Trogir.

En cuanto a la comunicación con el resto de ciudades por carretera es excelente. Split se encuentra prácticamente en el centro geográfico de Dalmacia, con lo que por la E65 se puede llegar en poco tiempo a cualquier destino de esta región. Además, en Split finaliza la principal autopista del país (autopista 1) la cual la comunica con Zagreb.

Si como nosotros lleváis coche de alquiler, debéis saber que Split es de largo la ciudad con más tráfico y más caótica de Dalmacia, mucho más que Zadar o Dubrovnik, aunque nada que ver con las grandes ciudades europeas. Ni que decir tiene que todo el centro histórico es peatonal (Palacio de Diocleciano y alrededores), con lo que no se puede circular. En cuanto al aparcamiento, hay que tener en cuenta que toda la zona alrededor del centro histórico es de pago, pero a partir de la zona de la calle Istarska ya es todo aparcamiento gratuito. El barrio es bueno y se encuentra a sólo cinco minutos andando de la entrada al Palacio por la Puerta Aurea. Nosotros tuvimos suerte y con un poquito de paciencia aparcamos ahí, pero si no tienes tanta suerte o no te quieres complicar la mejor alternativa es dejar el coche en el parking del puerto, que vale 10€ al día y está también muy cerca del centro.

Dónde alojarse

Nosotros nos alojamos en un apartamento llamado Archie Room. Está situado en pleno centro histórico, a unos metros de la Plaza Narodni y de la entrada al Palacio por la Puerta Férrea. El edificio donde se encuentra es super viejo (como todos los del centro), pero el apartamento está recién reformado y es chulísimo, con todas las comodidades y wifi gratuíto. Nos costó 50€ la noche y es más que recomendable.

Dónde comer

El mejor lugar para comer barato y rico en Split es el Kantum Paulina, un lugar donde sirven comida rápida y donde se puede probar un tremendo Cevappi, típico bocata croata con una especie de salchichas especiadas, cebolla y salsa ajvar (de pimientos). Es de largo el mejor que probamos en todo el viaje y además tirado de precio.

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Comiendo un cevappi en la riva de Split

Otro alternativa para tomar algo rápido mientras conoces la ciudad es tomar un trozo de pizza o un bocata enrollado en alguna de las múltiples cafeterías/panaderías que los ofrecen.

Qué ver

Como ya hemos comentado anteriormente el Palacio de Diocleciano no solo es el principal punto de interés de Split, sino que además es el propio corazón de la ciudad. El Palacio tiene unas dimensiones de aproximadamente doscientos por doscientos metros y se encuentra totalmente amurallado, disponiendo de cuatro puertas de acceso una por cada punto cardinal. Actualmente se conserva prácticamente intacto el trazado con el que se construyó allá por el siglo III, pudiéndose observar las dos principales calles de cualquier ciudad romana de la época, el cardus (principal calle con orientación norte-sur, actual calle Dioklecijanova) y el decumanus (principal calle con orientación este-oeste y que se cruza con la anterior, actualmente las calles Petra Krešimira IV y Poljana Kraljice Jelene). Es imprescindible dar un paseo sin prisa por estas calles.

Además, también se han conservado hasta nuestros días algunos de los principales edificios de la época romana, los cuales se han ido mezclando con bonitas construcciones de etapas posteriores haciendo del Palacio un lugar único.

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Decumanus, calle principal del Palacio de Diocleciano

Un buen lugar para comenzar la visita es por el peristilo, el patio que antiguamente daba acceso a las dependencias el emperador y que actualmente es el centro neurálgico del palacio y una de las zonas más animadas de la ciudad. Llaman la atención las bonitas hileras de columnas que se encuentran a ambos lados del mismo, y especialmente la esfinge de basalto negra traída por el propio Diocleciano desde Egipto y que data del siglo XV A.C.

Al sur del peristilo se puede ver el protiro, una especie de entrada a través de la cual se accedía a las dependencias imperiales y desde el cual Diocleciano seguramente se dirigía a sus súbditos, y a continuación el vestíbulo, cuya cúpula fue destruida durante la Segunda Guerra Mundial.

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Peristilo con el protiro al fondo
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Columnas del peristilo y esfinge
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Vestíbulo

Bajo el protiro hay unas escaleras por las cuales se accede a los sótanos del Palacio. Actualmente acogen un mercadillo de artesanía y son curiosos de ver. En la parte final, junto a la puerta aenea o puerta sur, se accede a una zona que es de pago. Nosotros no la visitamos ya que no nos pareció que mereciera demasiado la pena. La puerta aenea era la que proporcionaba una salida desde el Palacio hacia el mar.

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Sótanos del Palacio

Junto al peristilo se encuentra el edificio principal del Palacio, el Mausoleo de Diocleciano, que fue construido con el objetivo de acoger los restos del emperador. Sin embargo, en el siglo VII sus restos fueron exhumados y el edificio se convirtió en la Catedral de San Doimo. El edificio es no es demasiado grande pero muy bonito, y fue construido en su totalidad a finales del siglo III y comienzos del siglo IV, salvo el campanario que es del siglo XIII y estilo románico. Se puede subir al campanario desde el que se tienen buenas vistas de toda la ciudad (la subida es complicada) y también se puede acceder a una cripta que se encuentra bajo la Catedral y que no tiene mayor interés.

La entrada conjunta a la Catedral y al Templo de Júpiter (del que hablaremos a continuación) cuesta 45kn y en temporada alta abre de 8:00 a 20:00 aunque en invierno cierra un poco antes.

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Mausoleo de Diocleciano
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Interior de la Catedral
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Vistas desde el campanario
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Cripta

Al otro lado del peristilo se encuentra el Templo de Júpiter. Júpiter era el principal dios de los romanos, considerado padre del resto de dioses, y Diocleciano mandó construir este templo ya que se consideraba descendiente del propio Júpiter. Al igual que el mausoleo, en el siglo VII fue convertido en un templo católico, concretamente en el Batisterio de San Juan. En la puerta se puede ver otra esfinge traída por Diocleciano desde Egipto.

Se puede acceder con una entrada conjunta con la Catedral, pero sólo de puede adquirir en las taquillas de la propia Catedral.

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Interior del Templo de Júpiter

Justo al lado del templo se encuentra una calle conocida como “let me pass”, y considerada una de las más estrechas del mundo. No sabemos si será verdad pero lo cierto es que dos personas no caben.

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Calle let me pass

Caminando hacia el este llegamos hasta la Puerta Argenea, donde se pueden ver algunos restos de la antigua muralla.

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Puerta argentea

Subiendo hacia la parte norte de Palacio podemos ver el Palacio Papalic, un bonito edificio gótico (siglo XV) construido por Juraj Dalmatinac, el mismo arquitecto de la imponente Catedral de Sibenik. Actualmente acoge el museo de Split, para el que quiera profundizar un poco más en la historia de la ciudad.

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Palacio Papalic

Finalmente podemos salir del Palacio por la Puerta Aurea, junto a la cual se encuentra la impresionante estatua de Gregorio de Nin, un obispo del siglo X que se enfrentó a la iglesia para poder celebrar las ceremonias religiosas en croata (sólo estaban permitidas en latín) y así poder acercar la religión católica al pueblo local. Esta estatua es obra del escultor local Ivan Mestrovic y es sin duda uno de los símbolos de la ciudad. Es costumbre tocarle el gigantesco pie para tener buena suerte.

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Estatua de Gregorio de Nin
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Puerta aurea

Podemos volver a callejear un rato por el palacio y dirigirnos a la salida oeste, donde a través de la Puerta Férrea llegamos a la Plaza Narodni, una de las principales de la ciudad y donde podemos ver algunos edificios interesantes de la época veneciana. Los más destacados son el Ayuntamiento (siglo XV) y el Palacio Karepic (siglo XVI). Sobre la puerta podemos ver una bonita Torre del Reloj del siglo XVI y justo al lado los restos de la capilla de la Virgen del Campanario.

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Puerta Férrea y Torre del Reloj
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Plaza Narodni
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Entrada a la capilla de la Virgen del Campanario

Por la tarde es obligatorio dar una vuelta por el paseo marítimo o riva, ya que es muy bonita y hay cantidad de puestos de helados, zumos naturales, dulces… donde poder tomarse algo. Es bastante corta por lo que se recorre en poco tiempo paseando tranquilamente.

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Riva de Split

Al final de la Riva llegamos a la Plaza de la República, una gran plaza que se encuentra abierta al mar y donde se pueden ver algunos bonitos edificios del siglo XIX. Junto a la plaza se encuentra la Iglesia de San Francisco, del siglo XIII.

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Plaza de la República

Si os sobra algo de tiempo podéis seguir callejeando a continuacion de la plaza donde entraréis en el barrio de Veli Varos, un pintoresco barrio de pescadores con mucho encanto donde merece la pena dar una vuelta.

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Callejuela en Veli Varos

Al final del día el tiempo nos jugó una mala pasada, y tras dar una vuelta rápida para echar unas cuantas fotos nocturnas compramos algo de comida para llevar y nos la tomamos tranquilamente descansando en el apartamento. Hoy nos acostamos con una  enorme satisfacción, ha sido un gran día y Split ha superado todas nuestras espectativas.

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