Trinidad, la joya colonial de Cuba

Tenemos que reconocer que cuando planificamos nuestro viaje a Cuba la visita a Trinidad estaba marcada en rojo intenso, y una vez hemos tenido la suerte de conocerla podemos decir que es una auténtica maravilla que tiene bien merecida su fama y que es absolutamente imprescindible si visitas este país. Para nosotros es de largo el pueblo más bonito de Cuba.

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Dani en la Plaza Mayor de Trinidad

La ciudad fue fundada por Diego Velazquez en 1514 junto al Valle de San Luis, en la costa sur de la parte central de la isla, y su centro histórico es una auténtica joya de la arquitectura colonial, uno de los más bonitos y mejor conservados de toda América Latina. Sin duda pasear por sus calles empedradas entre casitas pintadas de color pastel y preciosos coches de los años cincuenta es algo único e inolvidable, y que por sí mismo justifica de sobra un viaje a Cuba.

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Paseando por las calles de Trinidad

Además, si estás en Trinidad no debes olvidar hacer una visita al vecino Valle de San Luis o Valle de los Ingenios, llamado así por la gran cantidad de ingenios azucareros que se construyeron en el siglo XIX cuando esta actividad era el principal motor de la economía de la zona.

En 1988 la UNESCO declaró el centro histórico de Trinidad junto con el Valle de los Ingenios Patrimonio de la Humanidad.

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Plaza Mayor de Trinidad, Patrimonio de la Humanidad

Por si no hubiera ya suficientes alicientes, Trinidad es de largo la ciudad con mayor animación nocturna de todas las que hemos visitado en Cuba. El centro de la fiesta son las escalinatas de la Casa de la Música, que están siempre llenas de gente y donde toda la noche hay grupos tocando música cubana en directo al aire libre. Es imprescindible pasar un buen rato sentado en la escalinata tomando unos cócteles y disfrutando del cielo cubano y de la magnífica música. Se respira un ambiente realmente especial, y es una de esas cosas que nunca se olvidan.

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Ambiente nocturno en el centro de Trinidad

Cómo llegar:

Se nota que Trinidad es una ciudad muy turística ya que está bastante bien comunicada por carretera. De hecho, aquí nos encontramos posiblemente con las carreteras en mejor estado y mejor señalizadas que hemos visto en Cuba.

Desde Cienfuegos se llega por la 12, una carretera recién reformada que conecta con Trinidad en 1h 15m. Esta carretera continúa hasta Sancti Spíritus atravesando el Valle de los Ingenios.

Si venimos por la Autopista Nacional 1 hay que tomar la salida de Santa Clara/Manicaragua y coger la 474 en dirección hacia Manicaragua (sur). Una vez atravesado este pueblo se coge la 152, una carretera de montaña que está en relativo buen estado y que atraviesa todo el Parque Natural de Topes de Collantes hasta llegar a la 12, que lleva a Trinidad. Desde la autovía hasta Trinidad se tarda aproximadamente 1h 30m.

En cuanto al aparcamiento no hay ningún problema, como en cualquier ciudad de Cuba hay sitio por todas partes. Sólo hay que tener en cuenta que la zona más céntrica (alrededores de la Plaza Mayor) es peatonal y solo se puede acceder con autorización.

Si no dispones de coche, Trinidad por supuesto está perfectamente comunicada por Viazul con las principales ciudades de Cuba.

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Estación de autobuses de Trinidad

Dónde alojarse:

Hay que decir que la oferta hotelera en Trinidad es bastante escasa y lo poco que hay está alejado del centro, con lo cual como en todo Cuba recomendamos alojarse en una casa particular.

Nosotros nos alojamos en una casa llamada Trinihorse en la calle Alameda con calle Media Luna. Era una casa de planta baja para nosotros solos muy limpia, con todas las comodidades (cocina, aire acondicionado, tv…) y lo mejor de todo es que se encuentra a menos de cinco minutos andando de la Plaza Mayor. El precio de la casa por noche fueron 22 CUCs.

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Entrada de nuestra casa

La dueña de la casa, Ivanka, era una señora super simpática que vivía en la misma calle a unos pocos metros de nosotros y que nos hizo sentir a gusto desde el primer momento. Nos ofreció un desayuno genial por 5 CUCs por persona que servía en una terracita en su propia casa. También nos buscó un parking para dejar el coche, ya que nuestra calle estaba en plena zona peatonal y no teníamos posibilidad de aparcar el coche a la vista. El precio del parking fueron 2 CUCs.

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Desayuno en nuestra casa de Trinidad

Dónde comer:

Comer en el centro de Trinidad no supone ningún problema, ya que hay un montón de restaurantes donde se puede comer bien y barato. Eso sí, nuestra recomendación es alejarse un poquito de la Plaza Mayor, ya que ahí es donde están los más turísticos.

A nosotros nos gustó mucho el Restaurante Giroud, en Calle Rosario con Media Luna. Es un restaurante con una decoración muy chula y original basada en objetos antiguos. La comida es bastante buena sobre todo la pasta, y se sale un poco de lo típico cubano.

Otro lugar recomendable sobre todo para almorzar es el Trinidad Jazz Café, en Gloria con Media Luna. Es un lugar donde eliges un plato principal (excelentes los camarones en salsa de tomate picante) y tienes un buffet de acompañamientos y postres para servirte todo lo que quieras. La comida es de calidad y muy barata.

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Comida del Trinidad Jazz Cafe

También se come bastante bien en el Sabor a Mí, en Cristo con San José. La única pega con este lugar es que al menos en nuestro caso la atención fue bastante mala.

Si os gusta el café no podéis dejar de ir al Café Don Pepe, un lugar ubicado en un patio chulísimo, justo enfrente del Museo de la Lucha contra los Bandidos, donde ponen una gran variedad de cafés que están espectaculares.

Para tomar algo por la noche, en los alrededores de la Casa de la Música hay un montón de locales donde venden cócteles y cubatas para tomarlos en la calle por 1,5 o 2 CUCs y que están más que decentes. Además, no os podéis ir de Trinidad sin probar la que nosotros bautizamos como la mejor piña colada del mundo. La sirven en un local que se llama Wakey Wakey & Shakey Shakey, en la Plazuela de Segarte, y es una auténtica barbaridad, nunca hemos probado una piña colada ni parecida de buena. La descubrimos gracias a la dueña de nuestra casa, que nos dijo que cuando la probáramos no íbamos a querer tomar otra y desde luego que no exageraba en absoluto.

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La mejor piña colada del mundo

Qué ver:

Este es un mapa con todo lo que vamos a ver.

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No hay mejor lugar para empezar una visita a Trinidad que en la Plaza Mayor, el centro de la parte histórica. Es una plaza preciosa que se conserva tal cual era en la época colonial. Llaman la atención los bancos de hierro, los jarrones de cerámica que la decoran y sobre todo la característica reja de hierro.

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Plaza Mayor

Alrededor de la plaza se encuentran algunos de los edificios más bonitos de Trinidad, la mayoría de los cuales fueron construidos por familias adineradas en la época de esplendor de la industria azucarera (siglo XIX) y actualmente acogen diferentes museos.

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Palacio Sanchez Iznaga

Los edificios más destacados son el Palacio Brunet que alberga el Museo Romántico (no lo vimos porque no estaba abierto), el Palacio Sanchez Iznaga que contiene el Museo de Arquitectura, donde se pueden ver algunos elementos típicos de la arquitectura colonial, la Casa Padrón, sede del Museo de Arqueología y conocida porque fue residencia de Hernán Cortés o el Palacio Ortiz. En nuestra opinión todos estos museos son prescindibles y merece más la pena entrar por ver la arquitectura de los edificios que por el contenido. Nosotros entramos en todos (salvo el Romántico) ya que la entrada era muy barata, sobre 1 CUC.

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Palacio Ortiz y Casa Padrón
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El Palacio Brunet con la torre del antiguo Convento de San Francisco al fondo

En la plaza también se encuentra la Iglesia de la Santísima Trinidad, la principal iglesia de Trinidad y construida en el siglo XIX. Su interior es bastante austero y su visita no es imprescindible.

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Iglesia de la Santísima Trinidad

Todo el conjunto formado Plaza Mayor y los edificios que la rodean es uno de los más bonitos de la época colonial que se pueden visitar en América. Realmente da la sensación de haberse trasladado a otra época.

Junto a la Iglesia hay una bonita escalinata donde se encuentra la Casa de la Música, uno de los lugares más conocidos de Trinidad. Como comentamos anteriormente este es el lugar más animado de la ciudad, sobre todo de noche cuando siempre hay grupos tocando en directo y se llena de gente bailando y tomando algo. Más tarde volveremos a disfrutar un rato de la noche cubana.

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Dani sentado en la escalinata, con la Casa de la Música al fondo
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Ambiente en la escalinata por la tarde

A continuación nos dirigimos hacia la parte más alta de la ciudad donde se encuentra la Ermita de Nuestra Señora de la Candelaria de la Popa. La ermita está en ruinas (actualmente en obras) y no tiene mayor interés, pero merece la pena subir por las vistas que se tienen del pueblo y porque nos permite adentrarnos un poquito en la Trinidad más auténtica y alejada de los turistas.

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Subida a la ermita

Bajamos de nuevo hacia el pueblo con la intención de perdernos un buen rato por sus preciosas callejuelas empedradas. Este es sin duda el mejor plan que se puede hacer en Trinidad, y es que por mucho que la patees siempre te tiene alguna sopresa preparada.

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Paseando por la zona menos turística
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La auténtica Trinidad, con la torre de la Iglesia de Santa Ana al fondo

Como curiosidad, se dice que para empedrar las calles de Trinidad se usaron las piedras que usaban los españoles como contrapeso en los barcos que traían a los esclavos desde África. Hay que decir que si vas con un niño pequeño andar por Trinidad con carrito no es nada cómodo, ya que en algunas calles las piedras son grandes y con bastante separación entre ellas, con lo cual lo más recomendable es evitarlo en la medida que se pueda.

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Calle empedrada

Callejeando llegamos hasta las ruinas de la Iglesia de Santa Ana del siglo XVIII, desde donde vamos a volver paseando hasta el centro. Al comienzo de la Calle Real del Jigüe y en la zona de la Plazuela de Segarte ponen un pequeño mercadillo de artesanía donde se puede dar una vuelta en un entorno muy bonito. En la Plaza Real del Jigüe celebraron los conquistadores españoles la primera misa, con lo que se puede decir que fue el lugar donde nació Trinidad.

A continuación, volvemos a atravesar la Plaza Mayor y nos dirigimos hasta la Plazuela del Cristo, donde se encuentra el antiguo Convento de San Francisco, que actualmente alberga el interesante Museo de la lucha contra los bandidos. En este museo se cuenta como se desarrollaron los años posteriores al triunfo de la Revolución, en el que se sucedían los enfrentamientos entre el nuevo gobierno de Castro y diferentes grupos contrarrevolucionarios. Además, desde la torre se tienen bonitas vistas de Trinidad y su entorno.

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Grupo tocando en la plazuela
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Bandera del 26 de julio, movimiento político que triunfó en la Revolución
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Convento de San Francisco
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Vistas desde la torre

Ahora nos dirigimos a La Canchánchara para probar la típica bebida del mismo nombre, compuesta de aguardiente, miel y limón y servida en pequeñas vasijas de barro. El sitio es bastante turístico la verdad, pero es algo que hay que hacer si vas a Trinidad. La canchánchara está bastante rica y cuesta 3 CUCs.

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Vasitos de canchánchara
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Probando la bebida

Finalmente nos vamos hasta el Palacio Cantero, un bonito edificio del XIX que actualmente acoge el Museo Municipal. Desde la torre del palacio también se tienen muy buenas vistas principalmente de la Plaza Mayor.

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Torre del Palacio Cantero desde la Plaza Mayor
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Vistas desde la torre del Palacio
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La bonita fachada principal

Podemos finalizar el día haciendo una pequeña excursión en coche por el Valle de los Ingenios. Para ello, tomamos la carretera 12 en dirección a Sancti Spiritus, y a unos 4 o 5 km nos encontramos un mirador a mano izquierda desde el que se tienen unas vistas espectaculares de buena parte del valle. Además hay una cafetería donde tomar algo fresquito disfrutando de las vistas.

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Valle de los Ingenios desde el mirador

Lo que hace obligada la visita al valle son sus ingenios azucareros del siglo XIX, una especie de haciendas o ranchos en los que se trabajaba la caña de azúcar. Lo más característico de estos ingenios son sus torres desde las cuales se vigilaba a los esclavos que trabajaban en el campo. En la época de máximo apogeo de la industria azucarera había decenas de estos ingenios por todo el valle, pero hoy día solamente se conservan unos pocos, entre los cuales el más bonito y mejor conservado es el de Manaza Iznaga. Para llegar hasta allí hay que continuar por la misma carretera unos 15 minutos más, y lo encontramos a mano izquierda, no hay ninguna pérdida ya que se ve desde la carretera y además está bien señalizado.

Lo más destacado de este ingenio es sin duda su inconfundible torre, construida en 1835 y de 47 metros de altura. Actualmente se puede subir para echar un vistazo al valle como si fueras un terrateniente de la época, aunque nosotros no lo hicimos porque íbamos un poco justos de tiempo. También se puede ver una antigua campana que pertenecía a una de las torres y se usaba para llamar a los esclavos.

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Torre de vigilancia del ingenio de Manaca Iznaga
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Antigua campana junto a la torre

Tras echar un vistazo por el ingenio y por el pueblo que es bastante pintoresco, tomamos el camino de vuelta, ya que se está empezando a hacer de noche y queremos ducharnos y despedirnos de Trinidad como se merece.

Tras cenar, hay multitud de sitios donde se puede tomar algo escuchando bailando y escuchando buena música, como por ejemplo la Casa de la Trova, pero sin duda lo que más recomendamos es que os pilléis un cóctel en uno de los lugares donde los ponen para llevar y tirados de precio (en la calle Cristo hay un montón), y os sentéis en un tranco a ver la gente pasar, escuchar la música que sale de todos los rincones y disfrutar mucho del momento, ya que es único. Sólo estando allí se puede comprender.

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Noche en Trinidad
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Fiesta en la Casa de la Música

Con esta imagen en nuestra retina nos queremos despedir de Trinidad. Nos vamos felices, con la sensación de haber cumplido un sueño y la seguridad de que este día quedará en  nuestro recuerdo para siempre.

 

 

 

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