Descubriendo Bath, la joya romana de Inglaterra

Hablar de Bath es hacerlo principalmente de su importantísimo patrimonio de la época romana, ya que aquí se encuentran los mejores restos de este imperio en toda Inglaterra,  los de la antigua ciudad de Aquae Sulis. Lo que atrajo hasta aquí a los romanos fue su conocida pasión por los baños y aguas termales, las cuales son únicas en Reino Unido e incluso a lo largo de los siglos se les ha atribuido propiedades curativas.

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De hecho, la leyenda dice que estas aguas y sus propiedades fueron descubiertas mucho antes de los romanos, concretamente por un príncipe celta llamado Bladud, el cual fue curado de la lepra gracias a ellas, nombrado rey y tuvo un hijo llamado Lear, el protagonista de El rey Lear de Shakespeare.

Sin embargo, no solo de su pasado romano vive Bath, ya que fue en la época georgiana (siglo XVIII) cuando las termas vivieron su mayor esplendor, convirtiéndose en una ciudad balneario y atrayendo a visitantes adinerados y de la nobleza de toda Inglaterra. En esta época la ciudad fue reformada por completo por los arquitectos John Wood padre e hijo y fueron construidos muchos de los edificios más destacados en estilo clásico típicamente británico, formando uno de los centros históricos más bonitos y elegantes de Inglaterra.

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Por todo ello la ciudad de Bath fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987.

Datos prácticos

Circular con el coche por el centro de Bath es un poco caótico, ya que es la ciudad más grande de la región y una de las más turísticas. Para aparcar recomendamos ir directamente al parking al aire libre de Manvers Street, que se encuentra a 5 minutos andando de la Abadía. Como casi todos los parking de este tipo en Inglaterra es de tipo pay and display, es decir, como la zona azul pero sin límite de hora.

Para comer no podemos recomendar gran cosa ya que el día estaba bastante lluvioso y no pudimos investigar demasiado. A la hora de comer nos empezó a caer un chaparrón y nos metimos de urgencia en un Subway. De todas formas toda la zona de Westgate Street y alrededores está plagada de restaurantes y cafeterías.

Qué ver

Lo más recomendable para comenzar un paseo es en Terrace Walks, una  plaza junto al río Avon alrededor de la cual se comienzan a extender los puntos más interesantes de la ciudad.

La plaza se encuentra elevada sobre el río, y desde aquí se pueden ver los bonitos jardines Parade Gardens. Si se quiere bajar a dar un paseo son de pago, unas 2 libras si no recuerdo mal, pero nosotros no lo hicimos.

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Subiendo un poquito hacia arriba bordeando el río en seguida nos encontramos con el Pultney Bridge, que es el puente más bonito de la ciudad (siglo XVIII). Cuando lo ves es inevitable acordarse del magnífico Ponte Vecchio de Florencia. Como curiosidad, es uno de los pocos puentes habitados del mundo, y al igual que su hermano italiano está repleto de diferentes tipos de tiendas.

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Si se quieren echar unas fotos chulas del puente visto desde abajo se puede cruzar hacia el otro lado, y justo al final hay unas escaleras a mano derecha que bajan hasta el borde del río. También se tienen buenas vistas de la parte histórica de la ciudad.

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Aquí podéis ver también integrado en pleno centro el estadio de rugby del equipo de la ciudad, un recinto histórico de 1894 con capacidad para 14500 espectadores.

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Volvemos hasta Terrace Walk y nos metemos por Cheap Street hasta Abbey Churchyard. Aquí se encuentran las dos atracciones principales de la ciudad, la Abadía y los Baños Romanos.

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Comenzamos por la Abadía de Bath, de estilo gótico y cuyo origen se remonta al siglo VII. Destaca sobre todo por sus preciosas bóvedas con forma de abanico y las vidrieras.

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En su fachada principal hay que fijarse en los ángeles subiendo por la escalera de Jacob. También se puede subir a las torres, desde las que dicen que se tienen unas excelentes vistas de la ciudad, aunque nosotros no lo hicimos porque no estaba el día para muchos trotes.

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Abre de 9:00 a 17:30 y la entrada en teoría es gratuita, aunque se sugiere una donación de 2,5 libras. La subida a las torres cuesta 8 libras y se hace con una visita guiada que dura unos 45 minutos. Las visitas se realizan de 10:00 a 16:00 cada hora.

Tras visitar la abadía nos dirigimos a los Baños romanos, que son la principal atracción turística de la ciudad. Lo más bonito es la gran piscina central (Great bath), de la que aún hoy día siguen emanando aguas termales a unos 46º. Aunque en su mayor parte ha sido  reconstruida es impresionante, uno de los baños romanos mejor conservados que hemos visto nunca.

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Además se pueden ver otras zonas de los baños no tan llamativas pero igualmente muy interesantes, así como varias exposiciones con diferentes objetos que se han ido encontrando en el yacimiento

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En la visita se pueden incluso probar las aguas, a las cuales se les atribuyen propiedades curativas. Básicamente es agua con un fuerte sabor a hierro.

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El horario es de 9:00 a 18:00 y la entrada cuesta 15 libras con audioguía incluida. Una visita totalmente imprescindible.

Tras terminar nuestra visita a los baños vamos dar un paseo por las callejuelas del centro histórico, muchas de ellas peatonales y repletas de los bonitos edificios de la época georgiana. Todas estas calles son muy animadas con una gran cantidad de tiendas de souvenirs, cafeterías y restaurantes.

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Alguno de los rincones que merecen la pena es Abbey Green, una tranquila plaza empedrada en cuyo centro se puede ver un antiguo bananero.

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Caminamos ahora por Westgate Street en dirección a la parte más alta de la ciudad. En este momento es cuando más llueve así que la verdad es que esta parte no la disfrutamos demasiado y la tuvimos que ver un poco deprisa y corriendo.

Pasamos por el Teatro Real, Queen Square (habíamos leído bastante bien de esta plaza pero no nos pareció gran cosa) y el Museo de Jane Austen.

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Para quien no lo sepa, Jane Austen es una de las principales escritoras británicas de la historia y autora de novelas tan importantes como Orgullo y Prejuicio o Sentido y Sensibilidad. Aunque ella no nació aquí, muchas de sus obras están inspiradas en las calles de Bath donde estuvo viviendo varios años. Pensamos que este museo es solo para fans de la escritora y a nosotros no nos interesaba demasiado, así que no entramos.

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Finalmente llegamos a una de las joyas arquitectónicas de la ciudad. Se trata de The Circus, una preciosa plaza circular rodeada de edificios con fachada también en curva y decorados con columnas clásicas, en la que también podemos ver un enorme bananero. Esta plaza fue diseñada como muchas otras construcciones de la ciudad por John Wood padre e hijo en el siglo XVIII.

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Finalmente llegamos a The royal crescent, una impresionante calle de arquitectura típicamente georgiana en forma de semicirculo, en cuyo número 1 se encuentra un museo en el que se puede ver como era una casa de la época.

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Justo enfrente están los Jardines Victoria, que son enormes y tenían muy buena pinta para pasear en el caso de que hubiera hecho un buen día.

Pero como no era el caso y el tiempo cada vez iba a peor, decidimos volver hacia el coche y despedirnos de Bath. Teníamos las expectativas altas con esta visita y lo cierto es que las ha cumplido con creces e incluso nos ha sorprendido. Nos hemos encontrado con una ciudad bastante diferente al resto de las que se puede ver en Inglaterra, una mezcla a pequeña escala entre las más bonitas ciudades centroeuropeas con un toque de las históricas italianas.

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