Qué hacer en Santa Claus Village, mucho más que conocer a Papá Noel

Mentiríamos si dijéramos que entre los muchos motivos que nos atraían para visitar la Laponia finlandesa, uno de los principales no era conocer al mismísimo Papá Noel. Queríamos ver la cara de los niños al vivir ese mágico momento, y para que engañarnos, a nosotros también nos hacía mucha ilusión.

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Existen multitud de opciones para conocer a Santa en Laponia, pero sin duda la más popular y accesible (aunque no la más especial, eso lo contaremos en otra ocasión) es hacerlo en su mismísmo hogar, Santa Claus Village.

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El origen de este lugar tiene una historia que a nosotros nos pareció muy llamativa e interesante y que no todo el mundo que lo visita conoce. Todo surgió a finales de los cuarenta cuando Rovaniemi, al igual que otras zonas de Laponia y Finlandia, había sido devastada por los efectos de la Segunda Guerra Mundial. Entonces recibió una ayuda de la UNRRA, una institución de las Naciones Unidas que se encargaba de dar apoyo económico y de todo tipo para rehabilitar zonas destruidas por la Guerra, y que además estaba impulsada por Eleanor Roosevelt, esposa del presidente americano Franklin Roosevelt. Fue en el año 1950 cuando Eleanor Roosevelt decidió visitar la zona para supervisar las labores de reconstrucción y atraída también por la curiosidad de conocer el Círculo Polar Ártico. Entonces a los gobernantes de la región se les ocurrió construir una cabaña muy especial para alojar a tan distinguida invitada, y lo hicieron en las afueras del pueblo justo por donde pasa la línea imaginaria del Círculo Polar Ártico.

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Esta cabaña, actualmente conocida como Roosevelt Cottage o Arctic Circle Cabin, originó lo que hoy conocemos como Santa Claus Village, ya que en los años sucesivos fue atrayendo cada vez más turismo y se fue construyendo alrededor todo lo que hoy podemos ver. La cabaña aún sigue en pie y por supuesto la podemos ver cuando visitamos el pueblo de Papá Noel.

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Por lo demás, qué se puede decir de Santa Claus Village… básicamente que cuando llegas la sensación es la de haber entrado en el decorado de una película navideña. Nieve por todas partes, luces, decoración navideña, edificios de cuento, renos, elfos… Un lugar de ensueño donde es Navidad todo el año y que debes conocer sí o sí si visitas la Laponia finlandesa.

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Datos prácticos

Este pueblecito, por llamarlo de alguna forma, está situado a sólo 7 kilómetros de Rovaniemi, la capital de Laponia y es muy fácil llegar. Nosotros íbamos con coche de alquiler, así que en 5 minutos llegábamos por la E75 tomando la dirección hacia el aeropuerto. Aparcar es muy fácil, hay varias explanadas donde se puede hacer de forma gratuita. De todas formas también está bien comunicado por el autobús urbano número 8, que hace el recorrido continuamente. El precio del billete de ida y vuelta es de 8,80€ los adultos y 4,5€ los niños.

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Hay varios alojamientos, entre los que el más importante es Santa Claus Holiday Village. Las habitaciones por lo que pudimos ver son tipo cabañitas, y tiene que ser muy chulo hacer alguna noche aquí, pero los precios son bastante caros. Por menos de lo que nos costaba aquí una noche echamos nosotros las cuatro en el centro de Rovaniemi, así que será en otra ocasión.

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Restaurantes también hay varios repartidos por todo el pueblecito. Nosotros podemos recomendar el Joulupukin Ravintola, un restaurante tipo buffet que se ubica justo a la entrada, donde dejan los autobuses. La calidad no es nada del otro mundo pero comes bien y abundante por 15€ el adulto y 10€ el niño. Comimos dos días aquí.

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El restaurante más conocido es Santa’s Salmon Place, un pequeñísimo local ubicado dentro de una kota (cabaña típica lapona) en el que solo se sirve salmón, pero quienes lo prueban dicen que es excelente, quizás el mejor de Laponia. Nosotros finalmente no lo probamos porque no reservan mesa y siempre había muchísima cola, que además se debe hacer a la intemperie con un frío importante. Además, ya habíamos probado excelentes platos de salmón en nuestro viaje por lo que nos dábamos por satisfechos.

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Finalmente queríamos hablar un poquito de las tiendas de souvenirs, algo importante y donde seguramente pasaréis un buen rato. En todo el complejo hay bastantes tiendas, pero la más grande es una especie de galería comercial que conecta un montón de ellas justo en la plaza principal, frente a la casa de Papá Noel. Más o menos se puede decir que los productos son parecidos en todas, pero bueno, sí que puede haber alguna cosa concreta que solo encontréis en alguna de ellas, así que lo mejor es dedicar un tiempo a echar un vistazo sobre todo si vais con niños. Eso sí, los precios son unificados, así que en ese sentido no os calentéis la cabeza, si os gusta algo comprarlo porque no lo vais a encontrar más barato en otra tienda.

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En la web oficial de Santa Claus Village hay un montón de información, como por ejemplo cosas que hacer y actividades, mapas, restaurantes, alojamientos e información sobre cómo llegar hasta allí.

https://santaclausvillage.info/

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La visita

Como hemos comentado antes, desde que pones un pie en Santa Claus Village tienes la sensación de estar en un cuento, de estar viviendo la Navidad como tantas veces has visto en películas.

Lo primero que hay que hacer en Santa Claus Village es ir a la plaza principal, que es donde se encuentra la casa de Santa Claus. La plaza y la casa no tienen pérdida, porque están justo en el centro de pueblo y llaman mucho la atención por lo bonitas que son y porque es donde más gente hay.

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Además, por mitad de la plaza pasa la línea del Círculo Polar Ártico, con lo cual tendréis que atravesarla para conocer a Santa. Hay una hilera de torres rojas y un cable azul iluminado para representar esta línea imaginaria. No todos los días se tiene la oportunidad de cruzar al Ártico, así que esto ya es una experiencia.

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Tras cruzar unas cuantas veces Ártico para arriba y Ártico para abajo, vamos a pasar a conocer a Papá Noel. Tenemos que decir que nosotros ya habíamos conocido a Santa en otro lugar durante nuestro viaje a Laponia y teníamos dudas de si volverlo a hacer, pero al final nos pudieron las ganas y entramos. La entrada es libre, pero hay que tener en cuenta que en temporada alta, fines de semana, etc… se forman grandes colas. Está abierta de 9:00 a 19:00 y nosotros la visitamos a primera hora y prácticamente no esperamos nada.

En la entrada y durante todo el camino, varios elfos te van enseñan el camino que conduce a Papá Noel. Atravesamos un pasillo donde se pueden ver grandes cajas cargadas de regalos que Santa repartirá en pocos días.

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Llegamos a una zona donde a través de las mirillas de las puertas podemos ver a los elfos trabajar a destajo envolviendo regalos y preparando todo para que la próxima Navidad sea un éxito.

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Finalmente llegamos a la antesala de la habitación donde Papa Noel recibe a sus invitados. Antes hemos dicho que la visita es gratis, y teóricamente lo es, pero en la práctica difícilmente será así. Una simpática elfo se comunica muy discretamente con los papis y les ofrece la posibilidad de que Santa haga un regalo sorpresa a los niños. El precio 25€ que por supuesto aceptamos.

Por fin entramos al salón donde nos espera Papá Noel. La cara de Dani era para verla a pesar de que ya era la segunda oportunidad que tenía de saludarlo en los días que habíamos estado en Laponia. No se pueden echar fotos ni vídeos, así que charlamos un poquito (chapurrea castellano) y le entrega a Dani su regalo sorpresa. Aquí sí que flipó. Nos despedimos hasta el 24 de diciembre y prometemos volver a verle pronto.

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Tras esta experiencia chulísima llegamos a la sala donde te ofrecen las fotos y el vídeo de la visita. La foto sola no recuerdo lo que valía, sobre 20 o 25€. La opción más completa incluye varias fotos y el vídeo en formato digital, más una foto impresa en tamaño grande. Esto cuesta 65€ y fue lo que nosotros cogimos, así que lo que es gratis no nos salió la visita la verdad. De todas formas salimos encantados por nosotros y mucho más por los niños.

Como dijimos antes, justo frente a la casa de Papá Noel hay una galería con un montón de tiendas de souvenirs y también una cafetería, con lo que se puede entrar un rato a cotillear y resguardarse un poco del frío.

Justo tras el edificio donde se encuentra la galería se encuentran Santa’s Salmon Place y la Roosevelt Cottage, de los que ya hemos hablado, y al lado hay otro lugar importante, la Oficina de Correos desde donde se gestionan todas las cartas en envía y recibe Papá Noel.

Desde aquí puedes enviarte una postal para que te llegue con el sello del Círculo Polar Ártico. Básicamente eliges la postal que más te guste, escribes lo que quieras, pones la dirección del destinatario y pasas por el mostrador para que te la sellen. El precio no es excesivo, si no recuerdo mal postal más sello unos 2€ y pico. Una vez hecho esto hay un par de buzones donde echas la carta. Uno de ellos es para que te llegue lo antes posible (por lo visto suelen tardar entre uno y dos meses), y el otro para que te llegue justo en Navidad. En nuestro caso como ya era primeros de Diciembre no nos podía llegar ya en la Navidad de 2019, con lo que lo echamos en el buzón ordinario y suponemos que nos llegará a lo largo del mes de enero.

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También puedes solicitar que el mismísimo Santa te envíe una carta. Para ello hay unos impresos que debes rellenar con tus datos personales, dirección, etc, y en el mostrador lo entregas y lo pagas. El precio es de 8,95€ y no sabemos exactamente lo que nos llegará, ganas tenemos de verlo la verdad.

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Tras entretenernos un rato con las cartas y las postales subimos ahora hasta la que podría ser la avenida principal de la villa, la calle Joulumaantie. Aquí se encuentran varias empresas que ofrecen diferentes tipos de actividades. Nosotros hicimos paseos con huskies, con renos y también una increíble excursión con motos de nieve y pesca en hielo, que nos parecieron las actividades más atractivas, pero hay una gran variedad de oferta tanto aquí como en Rovaniemi. Es cuestión de informaros y hacer las que más se adapten a vuestros gustos.

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No voy a entrar en detalle en estas actividades porque tenemos post específicos donde contamos nuestras experiencias. Los dejo aquí y os animo a leerlos.

Cómo es un paseo en un trineo tirado por huskies en Laponia

Montando en trineo tirado por renos por los bosques de Laponia

Motos de nieve y ice fishing en Laponia, una experiencia inolvidable

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En esta misma calle, justo al comienzo, os vamos a recomendar una última cosa que no os debéis perder en Santa Claus Village. Se trata de Snowman World, un recinto que se construye cada año desde cero completamente con hielo y nieve.

Uno de los grandes atractivos son las impresionantes esculturas talladas en el hielo, que se pueden ver dentro del edificio principal.

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Pero lo que a nosotros más nos gustó fue el bar de hielo. No sirven mucha variedad de bebidas, básicamente cerveza y chocolate caliente, pero lo que no te puedes perder es tomar un chupito de vodka de sabores en un vaso de hielo. Eso sí, al “módico” precio de 10€.

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Junto al bar también hay un restaurante de hielo. No nos informamos porque no teníamos mayor interés, pero imaginamos que será bastante caro.

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Fuera del edificio hay una zona con toboganes construidos en la nieve por los que te puedes tirar montado en un rosco a lo parque acuático. Nos lo pasamos pipa tirándonos una y otra vez, la verdad es que estaba bastante divertido.

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Snowman World está abierto solo en pleno invierno. Suele abrir a comienzos de diciembre (nosotros fuimos el día de apertura de 2019, que fue el 6 de diciembre) y cierra cuando comienzan a suavizarse las temperaturas y la nieve se derrite, normalmente sobre el mes de marzo. La entrada es carísima, cuesta 48€, pero nosotros tuvimos la suerte de que como aún estaban trabajando en algunas esculturas y demás nos hicieron un precio reducido de 20€. Abre de 11:00 a 17:00 y te ponen una pulserita para que puedas entrar y salir durante el día cuantas veces quieras.

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Como veis, Santa Claus Village es mucho más que conocer a Papá Noel, un lugar donde se pueden pasar unos días mágicos haciendo muchas actividades y donde no os aburriréis ni aunque queráis. Como decía Dani entre lágrimas cuando ya nos teníamos que marchar al aeropuerto: “No me quiero ir de aquí, este sitio es muy guay”.

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